Bullying: ¿Qué hacer si nuestro hijo es el agresor o el agredido?

por Manana en May 17th, 2016

bullying

Ahora que Pedri entró al colegio, estamos viviendo muchas cosas nuevas, entre ellas, conocer a sus nuevos compañeros.

El primer día me dediqué a observar harto a sus compañeritos, cómo interactuaban y si se iban conociendo. Al cabo de unas semanas Pedri ha llegado contando a la casa que tiene nuevos amigos y que juega harto, pero también nos ha comentado que hay compañeros que son un poco pesados, que le pegan a otros y que incluso, en una pichanga en el recreo, uno le pegó.

Obviamente prendí mis alertas. Me da terror el tema del bullying, tanto que él sea el matón de la sala como que otros compañeros lo transformen en víctima. Pedri tiene harta personalidad y es un niño bien pacífico, así es que en ese sentido me siento tranquila, pero no por eso menos alerta. Entendiendo que las peleas entre niños son súper normales y no quiero interferir ni sobreproteger, igual estuve buceando un poco en internet sobre el tema.

Ya con las clases a toda máquina, ha vuelto como tema de conversa el temido bullying. De hecho, en muchas ocasiones los padres se sorprenden al enterarse que es su hijo quien hostiga constantemente a sus compañeros y no necesariamente son víctimas de maltrato.

El fenómeno del bullying es una forma de violencia escolar, y aunque en los últimos años se utiliza masivamente este término, hay que delimitar su definición. Según la sicóloga Guila Sosman (U. Del Pacífico), el bullying se puede entender como el “hostigamiento repetitivo y sistemático de un individuo o grupo a otro sujeto o grupo, en el establecimiento de una relación asimétrica de poder, en la cual el más débil no puede responder a las agresiones del más fuerte”.

La experta afirma que “muchas familias justifican episodios de violencia aludiendo a la agresividad y/o crueldad propia de un niño, pero están equivocados. Los niños y niñas tienen menor censura y filtros, especialmente los más pequeños, por lo que dicen realmente lo que piensan y sienten y esto a veces puede expresarse en palabras hirientes. Cuando los niños son pequeños, preescolares, es natural y parte del desarrollo que tengan algunas conductas agresivas, porque poseen escaso lenguaje aún y es su forma de expresarse, pero posteriormente al entrar al colegio estas conductas deberían tender a desaparecer”.

Por este motivo, como padres debemos estar siempre atentos a las conductas de nuestros hijos. ¿Y qué consejos nos da la especialista para abordar el tema?

Procurar que el ambiente familiar sea adecuado y cuidado. Ni tan permisivo ni tan autoritario.

Los niños que hacen bullying generalmente provienen de familias en las cuales la agresividad se expresa de alguna manera. Tienen menor tolerancia a la frustración, en ocasiones son menos empáticos, son impulsivos y temen ser avergonzados. “Para manejar la agresividad en los niños, los padres deben comprender que son su ejemplo, por lo tanto, si reaccionan violentamente ante su agresividad con gritos o castigos físicos, esto le comunica al niño que la forma de resolver los conflictos es la violencia y no le están entregando otras herramientas. Mientras que si mantienen la calma y pueden regularse a sí mismos, le comunican estrategias de autorregulación que lo ayudan a controlarse para responder de forma menos impulsiva y así se disminuye la presencia de conductas agresivas”, sugiere Guila Sosman.

Por otra parte, la sicóloga nos entrega un buen consejo. “Cuando el niño pide algún consejo es importante que los padres lo guíen por el camino de la tranquilidad y no la violencia. Desde pequeños los padres les deben mostrar valores como la tolerancia, respeto y solidaridad, así como la existencia de salidas alternativas a la violencia ante un conflicto o frustración. Es decir, si un compañero los molesta y los padres le dicen que le pegue, no esperen después que cuando crezca no considere los golpes como una vía válida de resolución”.

Por último, es importante tener en cuenta que los niños que hacen bullying suelen ser más desobedientes a las normas en la casa y en el colegio. Entonces el camino, con mucha paciencia, va en la lógica de establecer límites claros con consecuencias lógicas a sus acciones, disciplinando a nuestros niños de manera constante, y previniendo bajo todo punto de vista las manifestaciones agresivas.

Somos el reflejo de lo que serán nuestros hijos. No lo olvidemos nunca!!

Foto: www.guiainfantil.com

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