CALIDAD Y CANTIDAD CON LOS CACHORROS: TIEMPO DE DECISIONES

por Manana en Oct 20th, 2014

mama y pedro

Estuve casi tres meses en una pausa que podría decirse fueron “vacaciones pagadas” y una buena etapa de reordenar prioridades y pendientes.

Como les conté, renuncié en junio a mi pega en una Universidad. Pega de día completo donde llevaba más de cuatro años, bien pagada, entretenida, bonita. Pero necesitaba parar, y por varios motivos que se conjugaron, la decisión se me dio con mayor facilidad.

Estuve estos tres meses dedicada a mi Pedro, sin nana por un periodo, abocada a meterle energía a Cachorro Furioso, a las pegas de dueña de casa que me encantan (cocina, decoración, vida social, deporte) y a mí.

Fue heavy el cambio, muy positivo pero intenso. Me dejó muchas experiencias y quería compartirlas con ustedes, ahora que retomé mi vida laboral y estoy en una pega que me ofrecieron y que me encantó, que me permite trabajar como periodista, en un lugar que es muy desafiante, pero con el horario ideal: trabajo media jornada.

En primer lugar, me di cuenta de que Pedro necesita más que sólo calidad. El mix entre calidad y cantidad (de tiempo para ellos) es complejo de conseguir, pero cuando uno está entregando sólo uno de los ítems, se hace un poco cojo el equilibrio. Al menos eso me pasó a mí, Pedro no sólo necesitaba que cuando estuviera con él fuera al 100%. También necesitaba más presencia, aunque fuese cocinando, escribiendo o en silencio. Necesitaba cantidad de horas conmigo. Y me quedó clarísimo en este período en que estuvimos juntos. Pedro todas las mañanas sagradamente me preguntó si iba a mandarlo al jardín, si yo iba a ir a reuniones, si podíamos quedarnos regaloneando un rato más, o si podíamos pasar toda la tarde juntos. Despertaba pensando en cómo se venía el día conmigo y no cabía la felicidad en él cuando, a veces para puro darle en el gusto, organizaba mi día completo con él de compañero.

Fui a reuniones con él, salimos a almorzar solos los dos, me ayudaba con el aseo, las compras del supermercado, lo llevaba conmigo a la peluquería, al doctor, a los trámites, fue realmente como parte de mi cartera. Aprendimos a conocernos más en el día a día, que no es lo mismo que llamar por teléfono a la casa y preguntar cómo ha estado. Me aprendí sus caras de aburrido, cansado, feliz, entusiasmado, de hambre, sed, calor o frío, empezamos a tener rutinas, algunas más fomes que otras, pero él siempre fascinado con ser parte de mi día completo.

Y ahora que entré a trabajar, me dio susto que el cambio fuera muy fuerte. Así es que me lo tomé como lo que fue: un segundo postnatal de regalo. Aprendí a priorizar mis actividades con él y organizar mis tiempos sin tener por eso que postergarme. Ahora llego a la casa a la hora de almuerzo y él un rato antes del jardín. Estamos la tarde juntos, me sigue acompañando en mis múltiples pegas para Cachorro Furioso y en otras cosas. Ya no podemos regalonear en las mañanas ni decidir no ir al jardín para estar todo el día juntos, pero he logrado encontrar el equilibrio entre la calidad y la cantidad, y aunque sé que es difícil sostenerlo en el tiempo, voy a hacer todo lo posible para que dure lo máximo que sea posible.

 

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