¿Cómo enfrentamos la muerte con nuestros cachorros?

por Lili en Ene 10th, 2012

Por Ale Bosco

La semana pasada con la Lili vivimos un momento difícil como familia. Nuestra abuela (del Jose, mi primo, y mía), y bisabuela de Pascual,  murió en sus casi 90 años, llena de mucho amor, en su casa y con su familia. Para nosotros, lo adultos, dentro de la pena, entendimos que nuestra abuela necesitaba descansar. Así y todo, fue un momento de mucho dolor despedirla.

En el caso de mis primos que tienen hijos, todos bordean  el año de vida. En cambio, yo tengo uno de tres y otro de seis y nos preguntamos mucho con mi marido si llevarlos o no al funeral, en especial al mayor que sí tiene recuerdos de la Tita sana, jugando cartas con él. Pero había pasado más de un año casi sin verla.

Leí por ahí, pregunté a amigas sicólogas, qué era lo mejor. Por supuesto no hay una respuesta mágica, pero en general todo depende de la edad y la cercanía con la persona que se fue.

Hay edades en que en realidad sólo importa que sean niños tranquilos y puedan acompañarte, ya sea la muerte de un papá, abuelo, o bisabuelo, hasta un amigo. En este caso, depende si tú puedes estar en condiciones de estar con tu hijo y vivir el duelo en paz, porque esos pueden ser momentos que quizás necesites más tranquilidad para poder despedirte. En cambio, hasta los 2 años, si tu hijo es un sol, te vas a sentir acompañada y no tiene nada de malo.

A partir de los 2, 3 y 4 años, los niños van aprendiendo el concepto de los seres vivos y los ciclos de la vida, pero poco entienden la diferencia entre que un juguete se rompa y la muerte. A no ser que sea uno de los padres, o alguien con quien comparten a diario, y también dependiendo de la madurez del niño, aquí puede ser que sea necesario que lo vayan a despedir. Siempre que quien lo acompañe no se desmorone, porque sin duda el niño, no entenderá nada de lo que sucede. En mi caso, decidí no llevar al menor de 3 ya que no iba a significarle nada, lamentablemente, no se recuerda de la Tita, a pesar de haber compartido mucho con ella su primer año de vida.

Después está el caso de los niños de 5 a 8 años. Acá depende de la cercanía con la persona. Si es alguien a quien ve a diario, semanalmente, o forma parte de alguna de sus rutinas y tienes lazos muy grandes, se puede explicar el concepto de la muerte. Esto consiste en explicarles por qué estamos tristes, que la vida no sólo se trata de pasarlo bien, y que muchas veces nos va a traer dolores inesperados y aquí si tuve un dilema. Al final decidimos no llevarlo, pero sí contarle que la Tita murió, y los papás iban a ir a despedir a la abuela de la mamá. Pude vivir su funeral más tranquila y despedirla sin estar preocupada si mi hijo estaba aburrido o angustiado por ver a todos llorando. Con la Tita jugaron mucho, pero hacía más de 1 año que no la veía, y preferí que asociara su recuerdo con momentos alegres.

De los 8, 9 años para arriba, un niño debiera ir a un funeral de alguien importante para él o ella, especialmente si hay cercanía. Si no es al funeral mismo, acompañarlo a despedirse otro día.

Una amiga sicóloga me dijo que hay tres puntos importantes que trasmitirles a nuestros hijos en caso del fallecimiento de una persona importante:

1.- Hablar de la muerte. Esa es la palabra y no otra. Nada de eufemismos. No se quedó dormido o se fue para el cielo. Ocupar la palabra que corresponde. Los niños pueden quedar con miedo a dormirse, o desear morirse si les contamos maravillas del cielo.

2.-Decirles que el cuerpo se queda en la tierra, pero sin vida, y de ahí dependiendo de tus creencias, decir que el alma, tu personalidad, tus recuerdos se fueron a un lugar mejor, o viven en nosotros cada vez que lo recordemos.

3.- Aclararles que no los volveremos a ver nunca más. Para los creyentes, pueden incluir el Paraíso, pero siempre diciendo que en esta vida, en la tierra, ya no volveremos a estar con esa persona. Y con eso explicar porqué la mamá o el papá tienen tanta pena, o por qué ellos pueden sentir pena y ganas de llorar.

Hablar de muerte no es un tema fácil, pero sí es un tema de vida y nuestros hijos deben ir conviviendo con las partes más difíciles de ella. Tener una mascota ayuda mucho. Entenderán que necesitan alimento y cuidado, y que en algún momento se pueden enfermar y morir.  Y que son irremplazables, a diferencia, de un juguete o un auto. Así crecerán con mayores herramientas para aceptar que forman parte de ella, y desarrollarán mayor rescilencia y empatía con el que sufre.

 

Comentarios en Facebook:

Follow

Get every new post delivered to your Inbox

Join other followers: