Cuando el cuerpo habla

por Manana en Jul 26th, 2016

mariana

Me costó mucho tomar la decisión de si escribir o no sobre este tema. Y después de eso, me costó escribirlo!

Estos últimos meses he estado muy complicada de salud. Para no entrar en detalles porque sería eterno este post, puedo contar que estuve más de tres meses con reposo total, con una bacteria muy complicada que me gatilló un sinnúmero de enfermedades, entre ellas dos graves (una de ellas catalogada “enfermedad rara”) y con largas pasadas por urgencia, casi viviendo en la clínica entre consultas, exámenes y recaídas, tomando una cantidad de remedios impresionante, con el sistema inmunológico totalmente quebrado y con un equipo médico de más de seis especialistas.

Ahora que por fin salí del pozo y tengo por delante un proceso más amable de recuperación, me siento a escribir sobre estos meses en que pasé por todos los estados anímicos. Ver pasar celebraciones, cumpleaños, matrimonios, nacimientos, bautizos, día del papá, de la mamá, amigas que viajaban, amigas que volvían, amigas que quedaron embarazadas, guaguas que nacieron y que no pude conocer, mi propio cumpleaños, el de muchos de mi familia, el de mi Pedri, todo eso pasaba y yo seguía acostada mirando el techo!

Mis enfermedades significaron reposo total. Por esta razón, tuve que salir del sistema de un sopetón, sin alcanzar a digerir mucho qué significaba hasta bien entrado el reposo. Es algo así como tener un accidente, despertar y estar con una discapacidad que te obliga a estar inmóvil.

Escribo porque me di cuenta que aunque suene cliché, la salud por Dios que es importante, y es lejos lo primero en todas las listas de la vida. Quiero compartirlo porque mi enfermedad, por opinión unánime de los doctores, fue un grito de mi cuerpo pidiéndome que parara, que me detuviera a priorizar, a regalonearme, a hacer las cosas con calma, a cuidarme y disfrutar de la vida, a no “ir a todas”, y sobre todo, a elegir dónde quiero estar. Y es algo que pucha que nos cuesta hacer.

Todas (y en especial las mujeres) vivimos con el discurso de que la salud está primero, que hay que saber priorizar las cosas importantes de la vida, que hay que ser feliz, que la familia, que los niños, pero al momento de los quiubos, el auto-cuidado que tenemos es súper básico. Yo me di cuenta que estaba súper ocupada tratando de resolver miles de temas que me tenían agobiada por esos días, y estaba tan concentrada en eso, que descuidé lo único que necesito tener al 100% para hacer todo el resto, que es mi salud y mi integridad física y mental. Y aunque el cuerpo avisa, y en mi caso sí lo hizo, yo hice caso omiso a las señales.

La consecuencia fue tener un tiempo que al final traté de entenderlo como una oportunidad de volver a empezar, de cuidarme y sanarme. En estos más de tres meses me puse egoísta, pero me di el lujo de serlo. De estar con quienes quería estar, de no ir a todas (bueno además no me podía ni mover jajaja), de no luchar para ser la más empática de todas, de cultivar mi paciencia, entregarle mis pocas energías a Pedri, desintoxicarme, como me dijo una de mis doctoras (medicina antroposófica, demasiado recomendada para crisis de este nivel!) “desintoxicarte desde la alimentación hasta el alma”, de aprender a convivir con la soledad, poner la mente en blanco y no dar explicaciones porque andaba bajoneada (mi estado “emo” fue súper recurrente).

Obviamente, como siempre pasa, me llenó el corazón darme cuenta de que la gente que me quiere y que estuvo al pie del cañón, es la gente que elegiría mil veces de nuevo para hacernos compañía. Pero lo más importante, es valorar la salud como el “desde”, estar atenta a las señales, enseñarle a Pedri a cuidarse, a no dejar pasar, y sobre todo, a nunca saltarse pasos para seguir avanzando!

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