¿CUÁNDO EMPIEZAN A SOÑAR LOS NIÑOS?

por Manana en Sep 23rd, 2015

pedro durmiendo

La otra vez escribí sobre las pesadillas en los niños. Y hoy escribo de algo mucho más ameno que está viviendo mi Pedri: los sueños. Es tan rico cuando despierta y lo primero que me dice (antes del hola mamá buenos días) es “mamá estaba con unos dinosaurios y unos animales feroces y yo era un león y corríamos por la selva y blablablá”, unos sueños eternos, súper fantásticos, sin miedo, cero stress, puras aventuras exquisitas y sobrenaturales.

Estuve buceando en internet del porqué surge ahora y cómo canalizarlo en algo que lo haga feliz. Porque no hay nada más rico que soñar cosas buenas, uno no quiere despertar, pero son sueños, y quiero que Pedri entienda que es eso, nada más, para que no le dé pena volver a la realidad y siga soñando siempre!

Dicen que los sueños están presentes desde los primeros días de vida. Sin embargo, en las guaguas son sensaciones, no podemos hablar aún de “tramas” o historias secuenciales con argumentos.

Según leí, los sueños más elaborados empiezan cuando los niños comienzan a hablar, entre los 12 y los 14 meses, ya que además en esa etapa pueden explicarlos y verbalizarlos, diferenciando sus experiencias de noche versus las de día.

El límite entre los sueños y la realidad todavía no está tan definido como en los adultos, o en los niños más grandes. Los más chicos, como Pedri (cuatro años) viven sensaciones tan reales mientras duermen, con imágenes a veces tan claras, que no asumen que tienen que explicar lo que soñaron. Por eso, si uno les habla del tema, ellos logran distinguir lo que pertenece a la noche de lo que pasa en el día.

Y eso ha pasado en nuestro caso. Como nos ha escuchado tantas veces despertar y decir “anoche soñé tal o cual cosa”, él también se dio cuenta que vive esa experiencia, y le encanta.

Entonces lo que hemos hecho es conversar mucho de lo que soñamos la noche anterior, y ahí automáticamente Pedro, que no pierde oportunidad de meter su cuchara en nuestras conversaciones, empieza a contarnos sus sueños. Creo que es un bonito ejercicio, primero porque es una chochera escuchar sus historias fantasiosas, y segundo porque creo que así le estamos fomentando la creatividad, hace memoria de sus aventuras y va descubriendo de a poquito el fascinante espacio que se crea en el inconsciente.

 

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