Cuando nuestra mascota se nos va

por Manana en Ene 26th, 2017

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Hace unas semanas, con el dolor de nuestro corazón tuvimos que sacrificar a mi perro Sawyer, labrador de siete años, porque estaba sufriendo por una enfermedad que trajo consigo múltiples problemas, todos irreversibles.
Mi querido perro que vio pasar por sus ojitos etapas tremendamente importantes de mi vida y que fue el gran compañero de Pedri, su primera mascota y su partner, siempre fue fiel, paciente, amistoso y muy regalón.
La vida lo fue dejando en segundo plano porque antes de Pedri lo tratábamos como un hijo, dormía con nosotros y hasta lo llevábamos a paseos fuera de Santiago. Con el nacimiento de Pedro naturalmente fue perdiendo el protagonismo de “hijo único”, pero lo entendió con paciencia y siempre estuvo ahí moviéndonos su cola y aguantando los juegos insoportables de Pedri saltándole encima.
Perderlo nos dejó un vacío brutal; lloré como pocas veces en mi vida, me costaba dormir, en la pega andaba con el nudo en la garganta permanente; me costó demasiado aceptar que teníamos que dejarlo ir, y sumado a ese dolor estaba la angustia que me generó tener que enfrentar esta pérdida con Pedri.
Si a nosotros que somos adultos nos costaba hablar del tema, decirle a él nos tenía muy aproblemados. Fuimos emparejando el camino explicándole que estaba enfermo y un poco viejo, y que quizás iba a tener que irse a una clínica de perritos; todo eso las primeras semanas (cuando ya sabíamos que teníamos que sacrificarlo pronto) fue en vano, Pedro estaba como en una etapa de “negación”, e incluso nos decía que no habláramos de esto frente al Sawyer “porque podía sentirse mal, y no está enfermo, está joven y feliz”. Entenderán que con esos antecedentes mi angustia sólo creció.
Cuando llegó el día D, definimos con Felipe lo que le íbamos a decir, el tiempo que le íbamos a dedicar y todo eso. Hasta conversamos el hecho de que llorar frente a él no era malo, entendiendo que para todos era una pérdida que causaba mucho dolor. Nos apoyamos en material que sacamos de internet para enfrentar la pérdida de una mascota con un niño chico, y nos armamos de valor.
Decirle, verlo llorar y luego ir y abrazar entre todos al Sawyer para despedirnos, es de las cosas más dolorosas que he tenido que enfrentar como mamá. Una pena que es difícil de explicar, con sentimientos encontrados y con una templanza que estamos obligados a tener cuando somos papás y tenemos que contener a nuestros hijos, dejando de lado incluso nuestro dolor.
Pedro al principio se lo tomó pésimo y no quería aceptarlo, pero con el pasar de las horas fue entendiendo y consolándose, viéndole el lado bonito al tema y dejándolo ir por su bienestar. Igual le ofrecimos tener una nueva mascota cuando cerremos este ciclo, lo que obviamente lo entusiasmó muchísimo. Es más, la futura mascota ya tiene nombre, así que ahí estoy de cabeza buscando perritos, para adoptar un cachorro labrador cuyo nombre será Rocky.
Y como complemento a este tema, una amiga del colegio me mandó un texto precioso que quiero compartir, porque realmente fue lo mejor que pudimos haberle leído a Pedri para explicarle con fantasía, con positivismo y con un cuento lleno de simbolismos, lo que significa perder una mascota. Agradezco profundamente a mi amiga por haberme enviado ese texto en el momento en que yo estaba angustiada a punto de enfrentar el tema con Pedri. Leerlo fue sanador para él y ahora se basa en ese contenido para contar la historia. Porque además, lo positivo fue que con ese cuento permitimos a Pedri despedirse del Sawyer pensando en que iba a un viaje maravilloso hacia el cielo. Y así lo recuerda hoy, con felicidad, con paz e imaginándose que el Sawyer duerme en las nubes, nos visita en las noches y nos lengüetea la cara, juega con sus amigos perritos, y nos cuida siempre desde allá arriba. Buen viaje mi perrito, me hiciste inmensamente feliz.
Aquí el link del cuento:

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