El Divorcio: un período de furia

por Lili en Sep 22nd, 2011

Durante los primeros meses dormimos con un ojo abierto y el otro cerrado, con una oreja alerta y la otra también. Tener a tu hijo durmiendo al lado tuyo en la pieza es algo muy cómodo y tranquilizador, lo escuchamos respirar, dormir, crujir y hasta soñar. Es como seguir teniéndolo en tu guatita, pero viéndolo muy de cerca, alimentándolo y viendo sus progresos día a día.

El punto está en que como mamás podríamos tener a nuestro cachorro muy pegado a nosotros por muchas razones y el hecho de sacarlo de la pieza se convierte en un divorcio dolorosamente necesario. Llega un momento en el que no podemos ni respirar para
no despertarlo, que no suene el teléfono, que bajemos la tele o la radio porque cualquier cosa lo puede estimular, justo en el momento que quieres retomar tu rutina, estar con tu marido, o ver la tele, hacer cualquier cosa, es decir, darse un tiempo para una.

Pascual teníacuatro meses cuando decidimos con mi marido cambiarlo a su pieza definitiva. Desarmamos la cuna pack & play que teníamos al lado nuestro y lo llevamos a su lugar… su nueva pieza que estaba full decorada y lista para recibirlo.  La primera noche fue fatal, en verdad las primeras semanas fueron fatales, ya que no sentirlo cerca, no escucharlo, no olerlo,  hace que uno se sienta perseguido y empiece a pasarse las mejores películas: que esta destapado y se va a congelar, que se le cayó la almohada encima y no va a respirar, que se ahorcó con la sabana, en fin…

El primer día tuve la brillante idea de poner el monitor en mi velador para escucharlo. Si se movía o pasaba una mosca se hacía interferencia, me despertaba, iba a verlo y volvía a mi cama. Y así una semana durmiendo a ratos, definitivamente me creé yo misma un síndrome de insomnio nocturno del cual no fue fácil salir. Después saqué los monitores y dejé las puertas juntas para poder escucharlo desde mi pieza. Era una obsesión porque  necesitaba dormir pero al mismo tiempo pensaba que sin mí a su lado algo iba a ocurrir y yo no iba a estar ahí para ayudarlo. Finalmente el sueño me venció y una noche pasé de largo sin darme cuenta que mi cachorro furioso ya tenia 5 meses y estaba feliz durmiendo en su pieza.

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