Entrevista a Gabriela Capurro, sicóloga: “Ese llanto que la gente malamente llama maña, no es maña, es demanda”

por Manana en Oct 4th, 2016

 

capurro

Hablamos con Gabriela de un tema que muchas mujeres sentimos: cómo conciliar el trabajo y la crianza de nuestros cachorros, y que no queden damnificados en el camino. En la medida de que como mujeres nos hemos insertado en el mundo laboral y adquirido más exigencias que antes eran vinculadas en mayor parte a los hombres, también (en ocasiones) hemos mermado nuestro rol de madre o de crianza exclusiva. Y muy a nuestro pesar.

¿Qué opinas de la culpa que están sintiendo las mujeres por no darles más horas de tiempo a sus hijos por tener que trabajar?

Hay mayor culpa en las mamás que trabajamos y tiene que ver principalmente con la carga de horario que tenemos en nuestros lugares de trabajo y en lo que uno se demora en los trayectos; no sólo la cantidad de horas que estás trabajando sino la hora que te demoras de ida y vuelta. Pasamos mucho tiempo fuera de la casa, y eso hace que se genere más culpa, con quién dejarlo, si mandarlo o no al jardín, etc. Empiezas a complicarte y teniendo claro que en tu jornada laboral hay muchas preocupaciones que no te dejan estar pendiente de tu casa por rendir, se genera una culpa que yo siento que se le atribuye de forma más fácil a la maternidad, pero que tiene que ver con otros factores, no necesariamente con la maternidad. Tiene que ver con cómo me organizo, cuáles van a ser mis prioridades, con la auto-exigencia; si quiero hacerlo bien como mamá, en mi pega y hacer millones de cosas, no se puede, entonces hay que saber dónde jerarquizar de acuerdo a determinados plazos de tiempo. El discurso es mi hijo, pero la realidad muchas veces es mi pega, junto con mi hijo.

Gabriela nos llama a atender lo que estamos sintiendo y lo que buscamos, y no aferrarnos sólo a lo socialmente permitido. Además, los niños perciben esa culpa y esa dicotomía por querer estar en todas. “Ese estado de disociación en que uno está los niños lo resienten, se ponen más mañosos, más demandantes, empiezan con llantos que no tenían y a pedir brazos, lo que colapsa a la mamá. Ese llanto que la gente malamente llama maña, no es maña, es demanda. Tu hijo es tu jefe chico ¿y por qué le respondes bien a tu jefe grande y no a tu jefe chico?”.

Debemos comprender que nuestra casa es otra pega, y esa pega se llama ser mamá, igual de demandante que en la que recibimos sueldo. “Es sin celular, sin el PC al lado, es mejor llegar media hora más tarde que llegar en esa media hora en que te faltaron cosas que hacer, porque no estás, estás sólo en cuerpo, pero tu cabeza está en otra cosa, por lo que no estás realmente vinculada con tu hijo. Uno tiene que jerarquizar, estar en tiempos reales”.

¿Cómo ves la opción de algunas mamás de dejar de trabajar por estar con sus niños?

Tiene que ser algo genuino y no socialmente aceptable. Si tus amigas, tu pareja y familiares te dicen que estás demasiado estresada, pero no es algo que tú quieres, es mejor que no dejes de trabajar. Hay mujeres que es mejor que salgan de las casas antes de que estén adentro, porque el nivel de stress que tienen y de poca tolerancia frente a las demandas de un niño es alto. Es cansador, de postergación permanente, de gratificación a través de otro, de cosas que si realmente no tienes ganas de hacer es una decisión difícil de tomar. Ésta se toma cuando uno realmente está convencida de que lo quiere hacer y es la opción que ha tenido. Si es dicha por otros, creo que es mejor trabajar.

Gabriela nos llama a compartir roles con el papá, pero en armonía y no fiscalizándolos. Dejarles espacios con los cachorros para que se relacionen, generando momentos de interacción distintos y necesarios. “La sociedad en que vivimos es machista, donde la mamá está en un 100% presente y el papá está trabajando, que es lo socialmente aceptado. Sin embargo, los papás están cada vez más involucrados, tiene que ver con el rol que uno como mujer le da al marido para que se incorpore en la crianza. Ahora, si le voy a dar el espacio para darle tareas, mejor no se lo doy, porque si no la mamá va a estar fiscalizando si lo hace bien o mal, y nunca lo va a hacer tan bien como ella quiere”.

Y por último, nos sugiere no caer en ser “el bueno y el malo”, en que el papá malcría y la mamá pone reglas, el papá juega y la mamá da la comida. “Eso es complementariedad rígida y quiere decir que nos complementamos pero tenemos roles establecidos que no se mueven. La complementariedad tiene que ser flexible, cuando el niño está con ambos puede lograr millones de cosas, pero hay cosas que no va a lograr con ninguno de los dos. Si con el papá juega a un juego más violento y con la mamá ve monitos, está bien, pero con ambos va a seguir las reglas básicas, ya que estamos alineados como papás para generar armonía en la crianza. Es una relación distinta, pero los niños no consiguen ganancias dependiendo de con quién se quedan”.

 

Gabriela Capurro

Sicóloga

gcapurro@santotomas.cl

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