Las Culpas: dejarlas de lado y darnos cuenta que a pesar de todo lo hacemos bien!

por Manana en Oct 19th, 2015

mama trabajadora

Me cuesta escribir de esto. Le he dado vueltas, siempre voy en el auto pensando en cómo abordarlo porque lo quiero hablar, pero no es fácil.

Estoy con un nivel de pega que bordea lo extremo. Trabajando muchas horas diarias, sin respiro, en una pega tremendamente demandante y a veces ingrata, donde muchas veces son las tres de la tarde y me doy cuenta, con mucha culpa, que no he llamado a la casa para saber cómo llegó Pedri del jardín, para escuchar su vocecita o para saber qué almorzó. Antes solía arrancarme por lo menos una vez a la semana a almorzar a la casa. Es un privilegio, y por lo mismo, estoy cumpliéndolo cada vez menos. Me come la máquina y no saben la pena que me da no poder mantener ese compromiso interno que tenía de darme el espacio para almorzar con mi cachorro.

Y como cada vez me pasa más seguido (¿a ustedes también?), pienso en mi mamá y en las culpas que ella sintió. Tal como yo, no dejó ni un sólo minuto de trabajar, su vida laboral tuvo tremendos éxitos (ahí no somos tan parecidas porque ella a mi edad ya estaba en las grandes ligas) y así mismo vivió con culpa hasta el día de hoy. Siempre que hablamos de conciliar la vida familiar con la laboral, empieza con su monólogo de que ella lo hizo mal, que estuvo ausente en períodos importantes de nuestras vidas, o que en ocasiones privilegió el trabajo por sobre la maternidad. Según ella, fueron más ocasiones de las que ahora hubiese querido.

Y yo digo: tan mal lo hizo? Y en verdad no. Trato de decírselo, pero claro, en otras etapas de mi vida se lo critiqué fuertemente. En la adolescencia, por ejemplo, en que era un personaje insoportable, y también antes de convertirme en mamá. Porque cuando uno tiene hijos, aunque sea un cliché añejo, entiende demasiadas cosas de su propia mamá. Algunas te dan rabia, otras pena y otras orgullo.

Y a eso va mi post. En este país somos tremendamente castigadoras, nosotras mismas, de otras mujeres que privilegian el trabajo, que se entregan a esa pasión con convicción y sensatez, o que simplemente buscan toda su vida lidiar con mantener el equilibrio entre la vida familiar y de pareja, con la pega que las apasiona.

Mi mamá, como muchísimas otras, nos crio a mí y a mi hermano; y bien o mal, raya para la suma tampoco soy tan malcriada. Soy una mujer honesta, estudié sin repetir ningún año en el colegio y en la Universidad, viví mis etapas a concho, no me mandé ningún condoro que tenga que lamentar hasta hoy, me enamoré, me casé, tuve un hijo (hasta ahora), tengo trabajo, salud, mantengo las mismas amigas de hace treinta años, y podría decir que soy una mujer feliz.

Entonces cuando ella se auto-flagela porque no estuvo siempre, yo pienso que en verdad es tan difícil la maternidad, es tan fuerte la culpa, tan cruel la adolescencia y pasa tan rápido todo, que uno hace lo que puede, y no es tan difícil hacer las cosas bien. Hay que concentrarse, enfocarse, fijar prioridades, y también tener la flexibilidad mental y emocional de aceptar que no siempre podemos encontrar el equilibrio, pero nunca hay que dejar de tenerlo como foco.

Estoy pasando por un momento de colapso en ese equilibrio. Pero estoy súper consciente de ello, y eso me tranquiliza. Muchas veces trabajo más de doce horas diarias, estoy estresada, por lo que hay días en que reto a Pedri sin justificación; incluso hay días en que llego y está durmiendo. Y ahí me baja una pena atroz, me pego cabezazos contra la muralla, alego matando mis culpas. Pero son etapas, y así lo estoy entendiendo.

Si me hacen elegir, sería de nuevo hija de mi mamá. Con sus ausencias, con sus reclamos y culpas. Porque es probable que yo vaya a ser igual en ocasiones, y Pedri va a estar igual de orgulloso de la mamá que lo crio, como lo estoy yo.

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