Los niños no deben morir

por Lili en Sep 10th, 2012

Que difícil empezar la semana con una noticia tan triste. Súper paradójico, ya que el sábado a esa hora le estábamos celebrando el cumple a Pasqui cuando nos enteramos de lo que le había ocurrido a Blanquita. Imposible no simpatizar con el dolor de esos papás, se me pararon los pelos y me dio mucha pena, ya que por un segundo uno se pone en el lugar del otro y duele hasta el alma de sólo pensarlo. Cómo se aprende a vivir con una pena tan grande, la verdad no lo sé, me imagino que con una fuerza y grandeza espiritual que solo algunos poseen.

Por qué a los niños, si son tan puros, tan inocentes, tan niños. Muchas personas hablan de la muerte como un proceso natural de la vida, que hay que aceptarla como un paso más que debemos dar, que no debemos darle esa connotación tan negativa que tiene, pero a mi esa palabra me da susto, me queda grande. Pienso en mis cachorros y no lo entiendo, ya que la ley de la vida es que ellos nos entierren a nosotros y no al revés.

Como papás nos entregamos por completo a ellos y la verdad es que desde que soy mamá me siento mejor persona, soy capaz de dar mas afectos, de preocuparme menos por tonteras y de valorar las pequeñas grandes cosas que estos dos cachorritos me entregan todos los días. Como decía Rodrigo Guendelman en su columna dedicada a Blanquita: “La paternidad te hace más humilde y menos cínico. Tal como aprendes a limpiar potos, aprendes a decir “te amo” varias veces al día. Trabajas más. Cuidas más tu relación de pareja porque el costo de perder lo que tienes se hace exponencial. Y vuelves a hacer algo que no hacías desde chico. O, tal vez, lo haces por primera vez: rezas. Da lo mismo qué. No importa si es un mantra budista o una oración cristiana o un “shemá Israel” judío. Pero rezas para que tus hijos estén sanos. Y, si se enferman, rezas más. Y pides por ellos”.

Y así estuve el fin de semana, rezando, pensando en mis guaguas y que ojalá nunca les pase nada. Cuidemos a nuestros cachorros, entreguémosle todo el amor y el cariño del mundo, sin esperar nada. Y que la pena se transforme en paz y esperanza para todos los papás que han sufrido la pérdida de un hijo.

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