Los niños y la sexualidad… mucho más que una palabra “difícil”

por Constanza en Mar 20th, 2018

Mucho se habla acerca de la sexualidad infantil, se trata de un tema que está aparentemente en boga y sobre el cual todos tendríamos algo que decir. Sin embargo, son muchos los papás y mamás que se sienten incómodos y carentes de respuestas ante preguntas de sus niños relacionadas por ejemplo, con el nacimiento de los hijos, las diferencias anatómicas entre hombres y mujeres, alguna escena “sugerente” en la televisión, cambios en sus cuerpos, etcétera.

En primer lugar, es importante hacer una diferencia fundamental entre las palabras “genitalidad” y “sexualidad”. Sin duda el segundo concepto es mucho más amplio y va más allá de las diferencias entre hombres y mujeres y el encuentro sexual propiamente tal. Ante esta diferencia, aparece también un tercer concepto igualmente relevante y presente en nuestra vida cotidiana y en las relaciones que establecemos con los demás; la afectividad.

Teniendo en cuenta esta diferencia, podemos comprender que niños y niñas, independiente de la edad que tengan, están constantemente en un entorno en el que se relacionan tanto con la sexualidad como con la afectividad.  En este punto, el rol de los padres es fundamental, ya que como es sabido, la principal manera que tienen los niños para aprender es a través de la imitación, y sobre todo de las conductas de sus padres.

Un niño que ve a su papá saludar cariñosamente a su mamá al llegar a  casa, que ve a su mamá tratar con respeto, cuidado y amor el cuerpo sensible de un recién nacido o que recibe un abrazo cariñoso de su papá antes de entrar a la sala de clases, estará incorporando valiosa información respecto al cuidado del cuerpo,  la sexualidad y los afectos.

Por lo tanto, no es necesario esperar la pregunta concreta de un niño ante una escena de la televisión para comenzar a introducir estos temas, sino más bien preguntarnos constantemente qué ve nuestro hijo en casa, cómo le trasmitimos la importancia de cuidar su cuerpo, de respetar tanto a los adultos como  a los niños,  qué tan consecuentes somos como padres y como pareja, cómo cuidamos los espacios de intimidad, qué palabras usamos para referirnos a ellos,  etcétera.

Pero sin duda, hay situaciones que escapan al control de los padres y es probable que se sientan cada vez más inseguros respecto a amenazas del entorno. Lamentablemente casi a diario nos informamos de situaciones de abuso o malos tratos hacia niños y niñas, lo que  pone a los padres en alerta y los inseguriza respecto al entorno en que se desarrollan sus hijos. Si bien no es posible mantener a los niños en un ambiente en el que se controlen todo tipo de variables, sí es posible criar niños más seguros de sí mismos y capaces de reconocer situaciones que escapen de la normalidad. De esta manera, los ayudamos a reconocer como incomodas o “anormales” situaciones potenciales de peligro.

Respecto al cómo transmitir esta información, para los niños que van al jardín por ejemplo, es importante recordar las características de los pre- escolares. En esta edad, los niños por lo general exploran activamente su entorno y también sus propios cuerpos, son muy curiosos y la vergüenza y el pudor aún no se instalan totalmente. Por lo que es común verlos muy entusiasmados por la anatomía de su compañerito o compañerita de jardín. También es común que aún tengan ciertas dificultades en diferenciar la realidad de la fantasía, por lo que sus historias pueden teñirse de su imaginación.

Siempre favoreciendo la espontaneidad, podemos hablar con los niños acerca de sus cuerpos, escuchar lo que ellos tienen que decir, sus dudas, preguntas y fantasías. Como acciones cotidianas, podemos favorecer por ejemplo espacios de intimidad al momento de cambiarse de ropa o ir al baño y así les transmitimos que ciertas cosas se hacen en espacios reservados, donde no es necesario que estén todos presentes. Podemos también identificar a un restringido número de personas que pueden hacerse cargo de ciertos cuidados, como espacios de baño y limpieza. Más concreto aún, podemos trasmitirles lo importante que es cuidarnos por ejemplo del frío y de la lluvia; mostrándole que es algo que también hacen los adultos para evitar que el cuerpo se enferme.

Como adultos debemos enseñarles también a expresar sus afectos, que es posible hacerlo a través de un gesto tierno y cariñoso, como también a través de palabras. Sin duda, el mejor aprendizaje acerca de este punto será lo que ven a diario en sus casas y entorno más cercano.

Y para los adultos, recordar que el respeto por los niños, por su espacio y por su intimidad debe estar presente desde su nacimiento; lo que se manifiesta en respetar sus ritmos y sus ciclos, evitar ser intrusivos sin necesidad, permitir y favorecer espacios de intimidad y privacidad.

Lo principal entonces es tener niños y niñas informados, seguros de sí mismos y que confíen totalmente en sus padres y cuidadores sustitutos, por ejemplo en la educadora de párvulos. Que sean capaces de hablar acerca de lo que les pasa, de hacer preguntas y que se sientan escuchados sin ser juzgados. Los padres tienen también el derecho y el deber de preguntar en los jardines infantiles cómo se aborda el tema de la sexualidad, en qué contextos se transmite y quién lo hace.

Informarse, preguntar y mantener una comunicación fluida tanto con sus hijos como con las educadoras, les permitirá a los padres estar tranquilos y confiados que sus hijos están en buenas manos.

La invitación es a perderle miedo a la palabra “sexualidad” y atreverse a conversar, a poner palabras a las situaciones que pueden parecer difíciles y a recordar, que por muy pequeños que sean, los niños y las niñas ¡lo comprenden todo!

 

 

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