Mamá Invitada Javiera Cortina: “Y vamos por 8 meses fuera”

por Lili en Jul 4th, 2013

laura

Hace un año atrás, escribí en este mismo blog acerca de la experiencia en mi primer embarazo. Relaté cómo, desde mi perspectiva, me había empezado a dar cuenta de cómo nos cambiaba la vida. Hablé de dejar de fumar, del cambio indeseable del cuerpo durante los primeros meses, de la intimidad con la pareja, de la economía del hogar… en fin, de una serie de cosas que con 5 meses de embarazo no paraban de darme vueltas en la cabeza.

Hoy, mi Lauri está conmigo, pronta a cumplir 8 meses, y puedo asegurar que hace un año no había cambiado ni un centésimo de lo que hasta ahora ha cambiado mi vida!

Lo primero: nunca pensé que sería tan feliz. La verdad es que mucho me habían contado de cómo el amor por los cachorros crecía cada día, pero creo que nada de lo que me dijeron me habría hecho imaginar cuanto amo a esta pequeña. Es mi vida y mi luz, y cada vez que la miro me siento orgullosa de haberla cargado en mi panza durante 9 lindos meses.

En los últimos 8 meses, he aprendido no sólo a cambiar pañales cada 4 horas, sacar chanchos y limpiar mocos, sino que a ser tolerante, paciente y agradecida de la vida.

Antes de que la Laura naciera, había escuchado que lo más difícil era el primer mes. Para mí, lo más difícil fue la primera semana. Luego de 3 días preciosos en la clínica, llegué a mi casa y me bajó una angustia que creo no haber sentido en mi vida. Los primeros días andaba llorando por los rincones, sin saber qué me pasaba ni por qué. Mi marido estaba desconcertado y llamaba a mi mamá mientras yo dormía para preguntarle: “qué hacemos con la Javi”. Así, pasé varios días haciéndome la fuerte, hasta que llamé a mi doctor y me dijo: “por qué has sufrido de más todos estos días! Anda a la farmacia, compra Sulpilán y se acabaron tus problemas”. Y así fue! Después de analizar mi estado y leer bastante, me di cuenta de que había tenido los famosos “Baby Blues”, definido como una levísima depre post parto, que se gatilla debido al aumento de niveles de estrógenos y progesterona luego del parto, que puede afectar las emociones. La buena noticia es que no dura mucho, y mi recomendación es no hacerse la fuerte y pedir ayuda cuanto antes. “San” Sulpilán ayuda bastante también (además de estimular la producción de leche).

Luego, superados los 3 primeros meses, me dije a mi misma: “lo más intenso ya pasó”. Estaba convencida de que ya había agarrado el ritmo de la maternidad y que las dificultades y aprendizajes más importantes ya habían pasado y tenía la situación dominada. Gran error! Mi cachorra me seguía enseñando cosas todos los días, y no ha parado desde entonces.

Tengo la bendición de tener una pequeña sana y feliz, y agradezco todos los días por eso. Sin embargo, el cambio en la vida fue en 180 grados.

Como me imagino que les pasa a muchos papás con su primera guagua, nosotros nos preguntábamos cómo lo haríamos para criar a la Laura sin que esto nos hiciera dejar nuestras propias vidas de lado. En los planes y la teoría, teníamos miles de ideas. Sin embargo, fue en la práctica cuando empezamos a darnos cuenta de cómo realmente funcionan las cosas.

No somos papás aprensivos, y creemos que los niños deben tener su espacio, pero también respetar el de los padres. Hemos tratado de que la Laura crezca rodeada de muchísimo amor, atención, estímulos y libertades, pero no hemos tranzado por eso ciertas cosas como la hora de dormir, comerse la comida y respetar los horarios. No hemos dejado de salir ni juntarnos con la familia y amigos, ni hemos temido dejarla al cuidado de tíos o abuelos cuando queremos salir solos. Hemos trabajado fuertemente por mantener nuestras instancias como pareja, ya que éstas son las más fáciles de dejar de lado cuando te come la rutina.

En mis 8 meses como mamá, creo que lo más importante es saber poner atención a lo que necesitan tanto nuestros cachorros como nuestra familia. En mi caso, he descubierto que a veces necesitamos estar los tres, otras las dos, otras ellos dos y otras nosotros dos, se entiende? Siento que cada uno de esos momentos son sagrados y hay que respetarlos.

En ese sentido, mi marido y yo hemos tenido que aprender a ser papá y mamá, a dedicarle a la Laura un tiempo que antes no existía y que muchas cosas hoy cambiaron por y para ella. Sin embargo, le hemos puesto mucho énfasis y nos hemos preocupado muchísimo por no dejar de ser pareja, amigos y compañeros, de conversar mucho no sólo antes de dormir, sino que al menos una vez a la semana sentarnos solos los dos a comer y hablar de la vida, y tengo que decir que hemos obtenido muy buenos resultados.

Y bueno… con todo esto, puedo decir con toda certeza que los últimos 8 meses han sido los más felices de mi vida.

Comentarios en Facebook:

Follow

Get every new post delivered to your Inbox

Join other followers: