Post sicología: El poder de la Palabra

por Lili en Jul 15th, 2013

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Les queremos contar a partir de hoy en blog tendremos una sección de Psicología a cargo de Ale Sekler, Psicóloga de la Universidad Diego Portales, y mamá de dos cachorros preciosos!! Alejandra trabaja en su consulta particular y en la Corporación Contra el  Cáncer de Mama Yo Mujer.

Cada 15 días aproximadamente, tocaremos temas que nos podrán ayudar en nuestra tarea diaria de ser padres y de como relacionarnos de mejor manera con nuestros niños, marido y familia.

Por Ale Sekler: Quisiera compartir una reflexión que ha surgido en mi experiencia al ser psicóloga y ahora madre. Desde este lugar, han venido muchas preguntas y una de estas es a cerca del Poder de la palabra de la Madre.

En el inconsciente colectivo, para la sociedad, la figura de La Madre es la de un ser incondicional, amable, cercano, figura de protección, cuidado y amor. En esta imagen la madre es un ser infalible y perfecto para el hijo. Surgen frases como “madre hay una sola”, donde no se da cabida a los conflictos y a la complejidad de esta relación, ya que hay una tendencia generalizada a la idealización del rol de madre.

Sin embargo, cuando analizamos la práctica clínica podemos comprender que las relaciones madre – hijo (a) son una realidad mucho más compleja y de mucho poder en la creación del mundo interior y autoimagen del niño. Toda esta reflexión surge a partir de la siguiente experiencia real que narraré a continuación:

Cuando uno es madre, y anda con su pequeña criatura en coche, conoce todos los ascensores de los lugares que visita. Y en ese espacio vas conociendo otras mujeres en tu misma situación, que andan con su coche entrando, saliendo y buscando lo que necesitan.

Durante este tiempo en tres ocasiones se me ha reiterado la siguiente escena. Me subo al ascensor, y junto con mi niña en su coche, hay una madre con una o más niñas o niños. Al ser un espacio pequeño y estar en una situación similar, surge una cierta empatía y complicidad por haber tenido que buscar aquel ascensor oculto entre los pasillos que nos transporta. De alguna manera uno piensa “estamos en las mismas”. Ante esta aparente relación de similitud, se entabla una conversación breve de pasillo.

Yo Digo, por ejemplo…que linda tu niñita!! ¿Cómo se llama? La madre responde: “Se llama Valentina. Pero uff….no sabes cómo se porta!! Ella y su hermana me tienen loca!! Me tienen la casa desordenada, patas para arriba….ay no, estoy agotada!” La niña me mira. Con sus ojos grandes. Como diciendo “así soy yo”. Y llegamos al segundo piso. Nos bajamos. No hay espacio para más. Ahí queda todo.

Y yo me pregunto….
¿Que habrá sentido Valentina al escuchar a su mamá decir eso a una completa desconocida en menos de un minuto? ¿Que sentirá al ser ese el único relato a expresar por parte de su madre? ¿Como impactará eso su autoimagen? Sin duda la palabra de la madre tiene un poder único. La palabra y lo que decimos crea realidad.

¿Que realidad está creando esa palabra, ese discurso de la madre en la autoimagen de esa niña? ¿Cuántas veces escuchamos a los padres referirse así a sus hijos? ¿Como les llega a ellos? Cuántas veces hemos escuchado a algunas mujeres describir que sus hijos son “terremotos”, “diablos”, “torbellinos”, “peleadores” , “egoístas”, etc…y los niños estaban ahí! A menos de un metro escuchando esta conversación… ¿Cuantas veces escuchamos a las madres decir frente a sus hijos “me tiene agotada, no doy más….”?!!

Y ¿Cómo afecta eso a los niños? Con esta reflexión no quiero decir que las madres no podamos estar cansadas y sentirnos sobrepasadas! Por ningún motivo!! Probablemente eso es parte del camino de la maternidad, es parte de lo natural y es necesario expresarlo. ¿Pero cuándo y como lo expreso? ¿En qué contexto y a quién se lo digo?

Tal vez mejor buscar un espacio en que el niño no esté presente. Salir con las amigas, decírselo a la pareja, ir a psicoterapia etc. El cansancio, el sentirse sobrepasadas, la duda, el no saber cómo hacerlo, la frustración, el compatibilizar los roles, el trabajo y el ser madres, son parte de las complejidades y dificultades propias de la maternidad actual, las cuales son necesarias expresar.
Lo importante es poder distinguir cual es el contexto adecuado para hacerlo, y ser consciente de las repercusiones que esas palabras pueden traer en el niño si las escucha constantemente.

Es posible afirmar que la palabra de la madre, lo que la madre dice, como lo dice, cuando y a quienes se lo dicen en frente al niño repercute en su realidad.

El discurso de la madre va creando una imagen de sí mismo que debe responder a las definiciones de la madre. Si la madre dice “es un terremoto, se porta pésimo”, es difícil que ese niño se tranquilice y obedezca, ya que su inconsciente es responder y ser leal a la imagen que crea su madre, debe “obedecer” a lo que ella describe, y por ende se sigue portando como “un terremoto”. Así se va definiendo su autoimagen y también su autoestima, el valor que se da a sí mismo el niño.

Por el contrario, se ha demostrado que lo más efectivo para que un comportamiento se haga hábito y se generalice es el refuerzo positivo, el felicitar al niño y estimularlo, tiene mucha más efectividad que el castigo o el reto.

En ese contexto, si percibimos que nuestro pequeño/a se “ha portado bien”, y queremos reforzar esa conducta, lo más efectivo es decírselo clara y directamente, “muy bien, lo has hecho fantástico….que bueno es compartir” , por ejemplo. Así vamos enseñando que es lo deseable y le mostramos que él o ella son capaces de hacerlo, que ese es el modelo a seguir.

En este relato me centro en el discurso de la madre, pero se aplica a las figuras significativas del niño, la madre, el padre, abuelos, nanas etc. Las personas cercanas y que brindan cuidados son las que tienen mayor incidencia en la autoimagen y autoestima del niño.

Esta es una reflexión para ser conscientes y responsables de nuestras palabras, y de cómo ellas inciden en el desarrollo de nuestros hijos.

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