¿Quién materna a las madres?

por Lili en Jul 13th, 2017

porteo

Me llegó esta carta y me parece un deber compartirla con todas ustedes.

A diario recibo en mi consultorio a mujeres puérperas, grandes madres con sus pequeños hijos envueltos en un fular, prendidos a la teta, dormidos en su pecho.

Detrás de las caras de cansancio de todo puerperio, están estas madres que se informan por Internet, que se suman a las tribus de Facebook, que acuden a los grupos de crianza y saben todo acerca del colecho, porteo, crianza con apego, lactancia prolongada, y todas las teorías que día a día aconsejan a las madres qué hacer y qué no hacer.

Poner al bebé un ratito frente a alguna pantalla, para ellas es un sacrilegio; comprar un corralito es inadmisible, dejarlo al cuidado de una niñera es de malas madres, y cuando el bebé inevitablemente se cae de la cama alguna vez (¡todos lo hacen!) es la inequívoca señal del egoísmo de esta mamá que se tomó 23 segundos para ir a hacer pis luego de 9 horas de retención involuntaria.

Criar con apego era quizás algo desconocido hace miles de años, cuando los bebés se criaban en tribu y todas las mujeres maternaban a todos los bebés, y éstos eran cargados en la espalda mientras mamá hacía el trabajo. Poco se sabría entonces del puerperio y de fragilidad emocional.

Criar con apego era mal visto hace unos 60 años, (apenas un parpadeo para la evolución de la especie), con el auge del biberón y de los cochecitos, los castigos físicos y los padres ausentes todo el día.

Nos fuimos al otro extremo, donde sabemos o creemos que el bebé debe estar a upa todo el día, (de su mamá, claro!!!!), donde debemos poner límites con paciencia y amorosidad, dormir con ellos en nuestra cama, darle alimentos orgánicos que llevan mucho tiempo de preparación, escolarizarlos lo más tarde posible, y todo es innegablemente beneficioso, pero en un día de 24 horas, luego de noches sin dormir, en un departamento de dos ambientes, con otro niño de 3 años dando vueltas, solas todo el día, esto se convierte en una tarea imposible, en una exigencia más que no podemos cumplir, en una culpa más que ponemos en la pesada mochila maternal junto con los pañales y el cambiador.

Recibo a estas mamás desbordadas, sintiendo que cualquier deseo personal (tomar una ducha, comer usando las dos manos, responder un mensaje, ir al baño con la puerta cerrada) son actos egoístas, lujos que nunca volverán, hechos que dejarán marcas imborrables en el psiquismo de sus hijos.

Madres que se empoderaron pariendo en casa o sorteando mastitis y grietas pero que en este punto vuelven al capítulo uno de la biblia, siendo madres abnegadas y sacrificadas, postergadas y viviendo sus angustias en solitario, animándose apenas a asomarse por la web en busca de empatía y consuelo.

De lo que no se habla, es de la enorme exigencia que se ha puesto de moda sobre las madres. Se les exige ser mamás a tiempo completo, y no estamos teniendo en cuenta que el maternaje se da en cadena, que para que esta mamá pueda entregarse por completo a su hijo, alguien tiene que maternarla a ella. Y nuestra sociedad hoy pone toda la exigencia y los mandatos sobre las mamás, en aras del bienestar del bebé (que no está en discusión) y ahí se termina el asunto. No miramos más atrás, a ver con qué cuenta esta mamá, cuánto hace que alguien no le alcanza un té o le pregunta cómo está.  Mama hoy debe portear, amamantar, colechar, poner límites con amorosidad, pero ADEMAS; tener su casa hermosa, haber recuperado su figura, tener intimidad con su esposo, no haber perdido su vida social, y no quedar relegada en el trabajo. Ah, y todo esto con una gran sonrisa!

Por muchos grupos de crianza a los que asistamos, y muchas tribus que intentemos auto gestionar, ya no tenemos tribu. Luego de la horita en la plaza, volvemos a nuestros hogares solas, con un bebé que llora incansablemente, con un esposo que llega agotado del trabajo, y con la culpa, que es la gran compañera de este período.

La abuela ya no es más la viejita de cabellos plateados en rodete, que teje mañanitas al crochet y le hornea galletas caseras a la hija. La abuela hoy va a pilates, tiene quizás una nueva pareja, es aún joven y está activa, y no está disponible como quisiéramos. El compañero/a trabaja fuera todo el día, lidiando con la hostilidad, la competitividad, el tránsito, el clima, y al volver a casa hoy la sociedad exige que, además, hay que cambiar pañales, bañar al bebé, escuchar los reclamos de la esposa, asumir alguna tarea doméstica.

¿Es esta la igualdad que queríamos? ¿Estamos mejor así? ¿La mujer exigida desde lo laboral, lo social, lo físico, lo maternal, y el varón repartido entre la vida pública y privada, y ambos sobrecargando todo en el otro? Decididamente dos son muy pocos a la hora de criar a un bebé.

Desde los grupos de crianza, desde los foros de Facebook, se juzga a las madres por poner medias o no ponerlas, por dar lácteos y vacunas o no darlos, por colechar o no hacerlo. La madre que trabaja se siente culpable por dejar a sus hijos. La que no trabaja se siente culpable por estar cansada,,, de qué, si no ¨hace nada¨?

Y entre nosotras, la exigencia, la crítica. ¿Es más perjudicial dejar al niño 4 minutos en el corralito para calentarnos agua para el mate que portear todo el día sintiéndonos sobrecargadas por no poder tomar ni uno? ¿Es más perjudicial dejar al niño 10 minutos mirando algo en la pantalla entretenido que llegar al final del día exhaustas, malhumoradas por no haber podido siquiera ir al baño?

¿Quién materna a las madres?

Sería bueno que comenzáramos a maternarnos entre nosotras. A cuidarnos, a permitirnos, a entender que la que desteta antes no es peor madre que la que desteta después. Que todas estamos hartas a veces, y que esos cinco minutos de corralito o de tele funcionan para nosotras como un cargador rápido de celular. Que, si nos animamos a decir en un foro que no podemos más, no necesitamos que nos juzguen, que nos digan que nuestra cesárea fue injustificada o que las vacunas generan autismo.

Sororidad. Busquen en el diccionario si no conocen el significado de esa palabra.

Dejemos de juzgarnos entre nosotras y comencemos a maternarnos, a permitirnos, a respetarnos. Si no, por mucho porteo y colecho y lactancias prolongadas, les estaremos transmitiendo cualquier otra cosa a nuestros hijos menos el placer de la maternidad.

 

Texto: Maria Paula Cavanna

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